Mientras existan las clases y la lucha entre ellas, cada clase social precisa de un instrumento político e ideológico propio para defender sus intereses, sea cual sea la situación por la que atraviese la sociedad.
Siendo esa necesidad común a burgueses y proletarios, no se manifiesta de la misma manera para unos y otros. Así, en las sociedades como España, en la que la fuerza dominante es la burguesía monopolista, ésta última tiene un único objetivo fundamental: mantener su poder a todo precio, haciendo el mínimo posible de concesiones, según las circunstancias, a otras fuerzas sociales. Por otra parte, la burguesía monopolista sabe que una parte decisiva del personal de las instituciones del Estado le será fiel hasta el fin de su dominio o hasta que este se aproxime visiblemente, por origen de clase, por intereses económicos, por simple prejuicio ideológico, por miedo, o por todas esas razones a la vez. De ahí que el partido, para la burguesía monopolista, sea mucho más un instrumentó de influencia social, de hegemonía sobre otras capas de la población, que una organización de poder de clase.